viviana pelle, argentina
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La madre
de todas mis heridas
supura todo el dolor
de las otras heridas
pero no sangra
llora el agua
que mis ojos
no dejaron escapar
por no sentir su tibieza
por estancarse
y creer que el dolor,
así, desaparecería.
Caen
sobre mi rostro
ruedan
por mi cuerpo
mis venas.
El corazón hecho trizas
no pudo soportar
tanto rojo
ni la lluvia
que venía
del centro de mi ser
hasta el día en que nació
la madre
de todas mis heridas
que aún hoy
llora eterna.
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Por lobitogabriel - 1 de Marzo, 2007, 16:46, Categoría: poesia
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